viernes, 21 de agosto de 2015

La Moto y la Amistad


 Comenzaré el tema desde 1977, ya que significó el mayor cambio vital en mi vida, el "carpetazo" a mi adolescencia: Hasta ese año, mis amistades eran las de siempre, y se reducían a mi pandilla de infancia, y quienes habían compartido estudios en el internado. Pero aquel año comencé magisterio, por fin la universidad, era un hervidero de ilusión, las opciones políticas se multiplicaban, el ambiente era de apertura, de libertad, Adolfo Suárez gobernaba el pais, y aunque seguía haciéndolo por decreto ley, en abril se legalizaban el PC y los sindicatos de clase, todo el aparato franquista parecía desmoronarse y a todos los que habíamos entrado los lunes en la escuela a los acordes del "Cara al Sol" se nos habría un nuevo horizonte. Comenzaba la transición, que no la ruptura con el régimen anterior, pues ésto, aún está pendiente.
 La nota triste fue aquel adiós del Rey, hablo de Elvis, el 26 de junio daba su último concierto, casi como un epitafio ... el 16 de agosto quedábamos a solas con su voz, su música, su grandeza y con el rock & roll instalado como máximo movimiento cultural del siglo (nunca me cansaré de repetirlo)
 1978, 1979, 1980: En estos años mis relaciones sociales se multiplicaron por mil, y las nuevas amistades con gente de todo tipo fueron abundantes, tanto de la moto como de los nuevos estudios, en el 1980-81 vino el servicio militar obligatorio, aunque ese episodio de mi vida tiene su capítulo aparte del resto de mi realidad pasada, no por deseo mío, sino porque realmente fue un paréntesis en relación a todo. Los 80 me asentaron en la vida, matrimonio, estabilidad laboral, emancipación de mi familia y construcción de la mía propia: mi primer hijo, aquí vino el único paréntesis motero, cinco años en "lata"; fue ya en los 90 y con la llegada del segundo hijo, cuando volví a las motos con la compra de mi Virago 535, y con ella la recuperación de viejas amistades y el descubrimiento de nuevas, sentía que la hermandad "biker" funcionaba, no había política, ni fútbol, ni diferencias importantes, todo quedaba apartado a un lado en beneficio de la comunión motera, rutas, viajes, koncentras, ... y todo con el escenario de fondo de la amistad, de la compañía necesaria para compartir todas aquellas vivencias recuperadas. Pasaron los años y los kilómetros, y fui ampliando mis círculos y profundizando en el ambiente, comencé a relacionarme con moto-groups, motoclubs y asociaciones, y aunque mi espíritu anárquico e independiente frenaba mi integración y compromiso más profundos, poco a poco me comprometía más en proporción a mi valoración de la amistad y a la lealtad que pensaba obligada para ser auténtica, y así poco a poco, con el cambio de siglo y milenio, me encontré integrado en un grupo a todos los niveles, con unos inicios dignos del mejor paradigma del compañerismo y la unión; fueron media docena de años espectaculares, me sentía arropado y acogido, respetado, comprendido; y a la vez, me sentía útil y en correspondencia y sintonía con l@s demás.
 Y llegó la crisis, esa crisis que ha destrozado la poca igualdad entre personas, y comenzaron los problemas, las disputas y los enfrentamientos, no por la crisis, sino por las heridas que va dejando el transcurrir del tiempo y me dí cuenta de que la hermandad motorista no escapaba al resto de defectos humanos, no era mejor que una asociación de vecin@s, un grupo excursionista o cualquier otra forma de asociación entre seres humanos, incluida la familia ... al final problemas y desaparición. Pude tomar partido, pero no va con mi naturaleza, pues casi nadie en una disputa tiene toda la razón, y justo es reconocer los errores y aciertos que solemos compartir casi a partes iguales, y esa neutralidad me dejó al margen de todo, y lo que es peor con las cicatrices de los insultos, los silencios y la falta de apoyo; hoy puedo contar apenas con los dedos de una mano a l@s amig@s que han quedado y que mantengo relación. Porque seguimos al pie de la letra el paradigma bíblico: "O conmigo o contra mí", no entendemos que el auténtico respeto a los demás es la concurrencia de criterios y opiniones.
 No somos mejores por ser moter@s, simplemente tenemos una afición, los valores que predicamos con tanta insistencia existen con la moto o sin ella, me duele decirlo, pero hoy no tengo más amig@s por ser motero, pero sí mayores decepciones que si no lo fuera. Una vez más se cumple el axioma: "el exceso en las expectativas predispone a la frustración".
 Pero mi chica y yo seguimos rodando, quedan motoristas con quienes compartir rutas y kilómetros, aunque preferimos no esperar nada, simplemente vivir al día y aprovechar todo lo bueno que va ocurriendo. Porque al final siempre estás tú y la carretera, es como la vida, nacemos solos y morimos solos. No hay tristeza en estas letras, reconozco que sí hay desencanto, pero sin tristeza, solo constatar tal cual son las cosas, al fin y al cabo, la existencia nos depara fascinación y desencanto a partes iguales, y depende de nosotros prolongar una u otra, y en mi caso, trato de alargar la fascinación, el amor, la ilusión y centrarme en el "hoy" y en el futuro.




1 comentario:

  1. Yo aprendí, hace ya años, de un AMIGO una frase que dice: "Da igual quien está o quien se ha ido, importa saber a quien tengo". Gracias por volver a pensar en voz alta. Unha aperta!

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